¿Estoy aquí porque tengo miedo de irme… o porque soy valiente para quedarme?
Esa es, muchas veces, la verdadera pregunta del amor.
Porque no siempre el acto más valiente es quedarse.
Y no siempre irse es huir.
Por eso hoy hablo como siempre les digo a mis hijos, la frase de F. Scott Fitzgerald:
“Hablo con la autoridad del fracaso.”
Porque cuando somos padres casi siempre queremos vendernos bien, ¿ves? Queremos que nos admiren. Que crean que siempre supimos qué hacer.
Pero los hijos escuchan cuando también les cuentas cómo saliste de tus propias pesadillas. Cuando les hablas de lo que no funcionó, en lo que vos te equivocaste, lo que dolió. Y sobre todo, de lo que te hizo crecer.
Y si algo aprendes con los años y escuchando a personas hablar sobre relaciones — es esto:
El amor verdadero no es escandaloso.
No te pone en modo supervivencia.
No te hace pequeño.
No te mantiene adivinando.
El amor verdadero se siente
Regulado.
Estable.
Hasta un poco aburrido… (en el mejor sentido)
Estamos tan condicionados por las historias románticas que consumimos desde que nacemos — películas, novelas, canciones — que confundimos intensidad con amor. Nos vendieron que no hay final feliz hasta que aparece “esa persona”.
Y entonces nos aferramos.
A la idea.
A la narrativa.
Pero tal vez San Valentín no se trata de demostrar nada. Tal vez se trata solamente de celebrar el amor en todas sus formas, empezando por nosotros mismos.
Sí, yo se siempre hay quienes dicen que es comercial. Que todo es consumismo. Yo pienso distinto: podemos celebrar todo. Me encanta celebrar, en mi casa se celebra todo. Solo hay que ponerle el sentimiento correcto.
El apóstol Juan escribió:
“Nosotros amamos porque Él nos amó primero.”
— 1 Juan 4:19
Y ahí está el orden correcto de las cosas.
El amor no empieza en la validación de alguien más.
Empieza en sabernos amados primero.
Seguros.
Sostenidos.
El amor no se trata solo de una persona o de una relación. Es la forma en que nos movemos por el mundo. Cómo nos mostramos. Cómo decidimos. Cómo tratamos.
Muy bien dicen que la gente que se ama, se trata bonito.
El amor no es algo que simplemente sucede; es algo que se construye.
Como la amistad.
Como el compromiso en equipo.
Como el amor propio.
Incluso como la fe.
Todo lo que vale la pena requiere intención.
Hay amores que nacen sin esfuerzo. Pero todos los vínculos se cultivan.
El amor no se trata de intensidad, se trata más de paz que de mariposas.
Más de calma que de drama.
Y aun así, cada relación pasada — las buenas y las no tanto — nos ha enseñado algo. Nos ha preparado para amar bonito.
Y por cierto…
San Valentín — según algunas tradiciones, porque la historia no es del todo clara — no empezó con flores.
Se cree que fue un sacerdote romano que, cuando se prohibió el matrimonio entre jóvenes, decidió casarlos en secreto porque pensaba que el amor no debía ser ilegal.
Fue ejecutado un 14 de febrero, alrededor del año 269 d.C.
Tal vez por eso esta fecha no es solo romántica. Es valiente.
Feliz San Valentín.
Celebra el amor.
Celébrate.
Liss Rivas Clisson