Uno de mis descubrimientos recientes es Hartmut Rosa. Aún no he leído mucho de él, pero lo poco que he explorado me parece interesante. Rosa es un sociólogo y filósofo alemán, nacido en 1965. Actualmente es profesor de sociología en la Universidad Friedrich-Schiller de Jena y director del Max Weber Center.

Su pensamiento gira en torno a la aceleración social, que Rosa considera la clave para comprender la sociedad moderna.

“La sociedad moderna solo puede mantenerse si cada vez va más rápido”.

No se trata solo de que nosotros vayamos deprisa; todo el sistema está construido para acelerar.

 

Un ejemplo cotidiano: un mensaje que antes tardaba días en llegar, hoy tarda segundos. Pero aquí surge la gran paradoja de nuestro tiempo: cuanto más tiempo “ahorramos” con la tecnología, menos tiempo sentimos tener.

Intentamos hacer más cosas en menos tiempo. Y aunque contamos con más tecnología que nunca, no tenemos más tiempo libre. Al contrario: tenemos más opciones, más estímulos, más exigencias, y eso nos presiona.

Como dice Rosa, no aceleramos para vivir mejor; aceleramos para sobrevivir como sistema.

La aceleración no solo afecta lo que hacemos, sino cómo experimentamos el tiempo.

Vivimos anticipando o recordando, pero raramente presentes.
Dejamos de relacionarnos con el mundo y empezamos solo a operarlo. Rosa llama a esto alienación: un mundo que ya no nos habla, que ya no responde.

Rosa no propone simplemente “ir más lento”, porque eso sería un lujo individual. Su alternativa es más humana: la resonancia.

La resonancia ocurre cuando el mundo nos toca, nos habla, y nosotros respondemos. No se trata de controlar, producir o dominar, sino de entrar en relación.

Como muchos de ustedes saben, en mis artículos siempre trato de mirar lo que leo a la luz de mi lectura bíblica. Al leer a Hartmut Rosa.

Lucas nos recuerda:

“El Reino de Dios no viene de manera que se pueda observar; ni dirán: ‘Está aquí’ o ‘Está allá’, porque el Reino de Dios está en medio de ustedes”

El tiempo ya no es una carrera. El Reino está aquí, disponible como relación, y podemos experimentarlo en nuestra vida cotidiana si aprendemos a escucharlo y a responder.

Jesús no acelera. Camina, se detiene, escucha, se deja interrumpir. Desde la lógica de Rosa, podríamos decir que Jesús rompe la lógica de la aceleración.

El Evangelio no es un manual moral ni una lista de tareas; es un acontecimiento de resonancia: Dios que habla, y personas que responden.

Para Rosa, lo más valioso de la vida no se puede producir ni forzar. El amor, el sentido, la verdad acontecen. A esto lo llama indisponibilidad.

Para los cristianos, eso tiene un nombre antiguo,  precioso y mi palabra favorita: GRACIA

El Reino:

  • no se fabrica

  • no se merece

  • no se optimiza

Simplemente “te ha sido dado”.

Y esto no significa quedarnos sentados, como dicen en mi pueblo: “No te hagas ni esperes como que la virgen te habla”. Más bien, debemos aprender a vivir el tiempo como un regalo.

Porque a veces mientras miramos el reloj, la vida se nos escapa. Estamos perdiendo momentos que ni con todo el dinero del mundo podríamos comprar:

 

cenas en familia sin prisas

abrazos largos, apretados, amorosos

el esfuerzo consciente por pasar tiempo con los hermanos

charlas con amigos

tiempo para uno mismo

espacios para escuchar, agradecer y respirar.

 

Tal vez necesitamos aprender a habitar el tiempo como espacio de encuentro.
Donde el mundo vuelve a hablarnos y nosotros sabemos escuchar, la vida deja de ser una loca carrera y se nos revela, otra vez, como un don que vale la pena disfrutar.

 

Liss Rivas Clisson