La parábola del payaso es una conocida narración del teólogo y filósofo Søren Kierkegaard.
En un circo se declara un incendio detrás del escenario.
El director, desesperado, envía al payaso —ya maquillado y vestido para actuar— para que corra al pueblo cercano y avise del peligro.
El payaso llega al pueblo y grita que el circo se está quemando, que el fuego se extenderá y que deben huir de inmediato.
Pero la gente, al verlo con su disfraz y su maquillaje, cree que es parte del espectáculo. Se ríen, aplauden y piensan que se trata de una broma ingeniosa.
La gente sigue riendo y aplaudiendo.
Cuanto más insiste el payaso, más convencidos están de que forma parte del número.
Nadie huye.
Nadie actúa.
El fuego del circo se propaga, alcanza el pueblo
y todo termina ardiendo.
Kierkegaard concluye con una frase:
«El mundo perecerá entre aplausos, creyendo que todo es una representación».
Podemos pensar:
¿cómo van a entender la verdad si la dice un payaso?
Sin embargo, para Kierkegaard, el payaso no es un error pedagógico.
Es un espejo moral.
La verdad no fracasa por venir disfrazada; fracasa porque nadie quiere dejar de aplaudir.
La Biblia está llena de ecos muy cercanos a esta parábola. La coincidencia más fuerte es:
la verdad es dicha, pero no reconocida.
Ahora bien, la parábola del payaso no es una lección sobre estrategias comunicativas, ni un manual para mejorar el lenguaje como lo he leido en varios artículos. Kierkegaard no pretende enseñar cómo debe anunciarse la verdad, sino mostrar por qué la verdad deja de ser eficaz en una cultura que convierte todo en espectáculo.
El payaso no fracasa por su apariencia; fracasa porque el público ha perdido la capacidad de distinguir entre advertencia y representación. El problema no es el mensajero, sino el oyente.
En las redes sociales; vemos que una advertencia seria, una denuncia real, una noticia dura circulan mezcladas con memes, anuncios, indignaciones express y videos de gatos. Todo aparece en el mismo formato, dura lo mismo y se consume igual.
No sabemos qué es urgente y qué es entretenimiento. Todo se mira, se comenta, se comparte… y se olvida. Como en la parábola, incluso cuando el mensaje es verdadero, se recibe como parte del show.
Tal vez no nos falte mensaje, sino oído.
Liss Rivas Clisson
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