Hace poco leí que: “La esperanza no es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, pase lo que pase.”
Esta frase expresa con mucha claridad lo que significa realmente vivir desde la fe.
Esta frase expresa con mucha claridad lo que significa realmente vivir desde la fe.
Cuando escucho que tener fe es ingenuo, pienso que hay una confusión. Se cree que la fe consiste en esperar que todo salga exactamente como lo planeamos. Y muchas veces Dios no nos da lo que pedimos y solo con el tiempo aprendemos a entender por qué.
La fe no es una garantía de caminos fáciles. Es más bien, la confianza de que incluso en medio de la incertidumbre, del dolor o de la espera, hay un sentido que nos sostiene.
Siempre he sido una mujer de fe. No porque todo sale como yo quiero, sino porque, aun cuando las cosas no resultaron como las imaginaba, con el tiempo siempre encontraron su lugar, las situaciones se acomodan y los procesos tuvieron un propósito.
Creer no es cerrar los ojos a la realidad.
Cuando estamos en medio de la angustia. Queremos respuestas inmediatas, señales claras y soluciones urgentes. Queremos saber qué va a pasar y cómo se va a resolver todo, y eso es completamente entendible.
Hay un momento especialmente difícil en la vida, uno que casi nunca sabemos nombrar, pero que todos hemos vivido. Es ese punto exacto en el que el faraón ya viene detrás —representando el miedo, el pasado, el dolor— y, al frente, está la tierra prometida, esa vida mejor que deseamos, pero que todavía parece lejana. Entre ambos está el mar sin una salida visible. No hemos vuelto atrás, pero tampoco vemos cómo avanzar. A mi me gusta llamarlo "interludio" en música o en un libro es un momento que separa dos secciones, como una pausa o una transición para la entrada de otro fragmento diferente al que se inició.
Ese instante es el más incómodo de todos. No porque falte fe, sino porque la fe ahí se vuelve real. Ya no se trata de palabras bonitas sino de confiar cuando no hay caminos abiertos, cuando no hay explicaciones, cuando todo parece detenido. Es un tiempo de silencio..
Creer es permanecer. Es confiar sé que no es fácil, sé que es duro, pero Dios sigue actuando incluso cuando no lo comprendemos. Y pienso que nuestras dudas y enojos tampoco le molestan: nos ama y sabe que, aunque no entendamos, seguimos permaneciendo.
Y cuando el mar finalmente se abre —porque siempre termina abriéndose— entendemos que, en el interludio, aprendimos a soltar y a confiar.
Les deseo un 2026 lleno de bendiciones
Liss Rivas Clisson