En mi época se decía: “Octubre, que todo lo descubre.” Pero ahora, en tiempos de redes sociales, existe algo llamado “The October Theory.” No tiene un origen académico; surgió como un fenómeno de observación sentimental en internet, especialmente en Twitter (hoy X), alrededor de 2015 o 2016. Desde entonces, cada otoño vuelve a hacerse presente, como un recordatorio de que hay temporadas del año que nos invitan a pausar, reflexionar y mirar hacia adentro.
Entonces hablando de otoños con sentido, hay uno que realmente cambió la historia. El 31 de octubre de 1517 (no todo es acerca de Halloween) es una fecha clave para la fe cristiana. Ese día, Martín Lutero —uno de mis hombres favoritos de todos los tiempos— se animó a clavar sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg, en Alemania, dando inicio a un cambio monumental en la historia de la Iglesia.
No buscaba dividir, buscaba conversar. Quería abrir un debate sobre los abusos que veía en la Iglesia. Lutero, que había pasado gran parte de su vida cargando culpas y creyendo que jamás alcanzaría el perdón de Dios, un día se encontró con la gracia. Y esa gracia lo cambió todo. Sus 95 tesis, escritas originalmente para la Iglesia, se esparcieron por toda Alemania como pólvora —podríamos decir que fueron “lo más viral” del siglo XVI.
Lutero criticó la venta de indulgencias, esos “certificados” que prometían reducir el castigo por los pecados a cambio de dinero, soñaba con que el pueblo conociera una gracia que no se compra ni se negocia.
También nos recordó algo esencial: la Iglesia y el Estado no deben confundirse. Cuando la fe se usa para ganar poder o influencia, deja de ser luz y se convierte en sombra.
Hace poco, en un pódcast que me encanta, mencionaron una frase que pasó varios días en mi cabeza:
“Muchos creen que están en la escalera de Jacob, cuando en realidad están adorando un becerro de oro.”
No hablaban de lugares físicos, sino de una confusión espiritual. A veces pensamos que estamos defendiendo la fe, pero en realidad estamos defendiendo una ideología, una figura pública o una cultura que nos resulta cómoda. Confundimos lo sagrado con lo conveniente.
Vivimos en tiempos donde todo parece mezclarse: lo político, lo cultural, lo espiritual. La fe no se compra, no se impone; se vive y se comparte con amor.
Este octubre, entre hojas que caen y días que se enfrían, recordemos las palabras de Lutero:
“La paz es posible, pero nunca a costa de la verdad.”
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