Hay algo profundamente humano en apoyar al que parece tener todas las de perder. Ocurre en el deporte, en la política, en los negocios y, sobre todo, en la vida. Cuando un gigante se enfrenta a alguien que parte en desventaja, casi sin darnos cuenta nuestro corazón ya ha elegido de qué lado está.

La psicología social ha estudiado este fenómeno bajo el nombre de underdog effect.

No se trata simplemente de una preferencia sentimental. Nos identificamos con quienes luchan desde abajo porque, en algún momento de la vida —y para muchos, durante buena parte de ella— todos hemos sido ese competidor que parecía no tener posibilidades. El inmigrante que llegó sin nada y construyó un futuro, el emprendedor que escuchó decenas de "no" antes de alcanzar el éxito, el artista que pasó años en el anonimato antes de conseguir un éxito o el pequeño equipo que desafía a las grandes potencias del deporte.

Quizá por eso Cabo Verde conquistó tantos corazones. Su historia representó algo más que fútbol: encarnó la posibilidad de que el esfuerzo pudiera desafiar al destino.

Los analistas deportivos franceses hablan con frecuencia del llamado 'efecto Copa de Francia'. No es un concepto formal de la psicología, sino un término utilizado por analistas deportivos para describir la sorprendente frecuencia con la que equipos modestos eliminan a clubes mucho más poderosos en la Coupe de France. Son los llamados matagigantes (giant-killers): equipos con menos presupuesto, menos estrellas y menos probabilidades, que aun así encuentran la manera de vencer.

También existe otro ingrediente: la incertidumbre. En un mundo donde muchas cosas parecen decididas de antemano, la posibilidad de que el pequeño derrote al gigante devuelve emoción a la historia. El triunfo del favorito confirma el orden establecido; la victoria del desvalido nos recuerda que todavía hay espacio para lo extraordinario.

Pero admirar al desvalido no significa romantizar la derrota. Lo que realmente nos inspira es su perseverancia.

La psicóloga Angela Duckworth llamó a esa cualidad grit la combinación de pasión y perseverancia para perseguir un propósito durante años, incluso cuando el progreso es lento, aparecen los fracasos o nadie más cree en el resultado.

En otras palabras, el grit convierte lo improbable en posible.

La Biblia lleva siglos narrando historias de los improbables que desafían toda lógica. Quizá ninguna sea tan conocida como la de David frente a Goliat. Mientras todos veían a un pastor sin experiencia militar enfrentarse a un guerrero invencible, David veía una oportunidad para confiar en Dios. No ganó por tener mejores armas, sino porque se negó a dejar que las probabilidades definieran el resultado.

Esa es la esencia del efecto underdog: el mundo calcula las posibilidades; la esperanza desafía los cálculos.

Por eso nos conmueven tanto las historias de quienes desafían todos los pronósticos. Tal vez por eso medio mundo dice que Cabo Verde no llegó a la final, pero sí conquistó el corazón de millones. Porque, al final, los campeones hacen historia; quienes desafían todos los pronósticos hacen leyenda.

La historia recuerda quién nos hizo creer que lo imposible

todavía podía ocurrir.

Disfrutemos el deporte, dejemos que despierte algo bueno del ser humano, no lo peor.

 

Un abrazo!

Liss Rivas Clisson