Muchas veces podemos aceptar un "no" con más facilidad que un "todavía no".
Al menos, un "no" cierra el capítulo.
Un "todavía no", en cambio, nos deja parados en el pasillo. Y los pasillos pueden ser lugares agotadores y frustrantes.
Nunca habíamos tenido tantos recursos para comprender nuestras emociones, nuestros traumas y nuestras heridas. Los libros abundan, los terapeutas ayudan y la IA responde preguntas en segundos.
Por eso, los líderes espirituales tienen hoy un desafío enorme. Cuando alguien llega a una iglesia buscando respuestas, ya ha hablado con tres terapeutas,  ha escuchado varios podcasts, y  ha hecho mil preguntas a chat GPT
Y, aun así, algunas respuestas siguen sin llegar.

Quizás por eso uno de los temas más difíciles de la vida cristiana sigue siendo la espera.

La Biblia habla mucho de esperar. Pero, seamos sinceros: esperar desespera.

Porque cuando el dolor, la soledad, la angustia aprieta, no queremos una respuesta luego, queremos una respuesta hoy. Queremos que Dios abra la puerta ahora, que sane ahora, que provea ahora, que resuelva ahora.

Te has hecho la pregunta: ¿cómo integro a mi vida un versículos como Romanos 8:25 cuando mi problema sigue sin respuesta?

"Pero si anhelamos algo que aún no tenemos, debemos esperar con paciencia y confianza."

 

Es un versículo hermoso. Pero cuando el problema, el cansancio o el miedo continúan; cuando la oración parece no ser respondida y el dolor sigue presente, esas palabras pueden sentirse como un muro demasiado alto para escalar.

Entre orar, leer, desesperarme, escribir y buscar respuestas, he llegado a entender un poco mejor lo que significa adorar. Ya no creo que la adoración consista solamente en cantar alabanzas o asistir a la iglesia, algo que sin duda edifica. A veces, la adoración también consiste en permanecer en una temporada que no elegiste y, aun así, decir: "Señor, confío en tu tiempo".

Y es entonces cuando Romanos 8:25 comienza a tener sentido. Dios tiene mi mano mientras atravieso el pasillo.

Eso también es adorar.

Una bendición no siempre es la respuesta que esperamos. A veces, la mayor bendición es la persona en la que nos convertimos durante la espera.

Así fue con David en el desierto.

Así fue con Moisés en Madián.

Así fue con Abraham bajo las estrellas.

Dios trabajó en ellos antes de obrar para ellos.

Y si hoy te encuentras en ese incómodo "todavía no", recuerda que no es malo enojarse, no es malo frustrarse, no es malo quebrarse, no es malo hacer preguntas. Y no permitas que nadie te haga sentir menos espiritual por atravesar alguna de esas emociones.

David hizo preguntas. Jeremías hizo preguntas. Job hizo preguntas. Elías cayó en un estado de agotamiento tan profundo que pidió morirse.

Lo importante es seguir caminando, porque muchas veces no notamos cuánto hemos crecido hasta que miramos atrás y descubrimos que ya no somos la misma persona que entró en aquel pasillo.

 

Un abrazo! 

Liss Rivas Clisson

 

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