Hacer planes es sabio. Organizar, soñar y trazar metas refleja orden, responsabilidad y visión. De hecho, la Biblia nos enseña la importancia de vivir con propósito, sabiduría y diligencia.
Pero ¿qué sucede cuando nuestros planes no salen como esperábamos? Es ahí donde la fe entra en juego.
Tener fe no significa vivir sin estructura, sin dirección o sin hacer planes. Significa que, cuando las circunstancias se salen de nuestro control, confiamos en que Dios sigue teniendo el control. Aunque no entendamos lo que está sucediendo, podemos confiar en que Él continúa obrando conforme a su propósito.
Abraham es un buen ejemplo de ello. Dios le hizo promesas que comenzaron a cumplirse durante su vida: tuvo a Isaac, el hijo de la promesa, y llegó a habitar en la tierra que Dios le había mostrado. Sin embargo, no llegó a ver el cumplimiento completo de todo lo que Dios le había prometido. Hechos 7:5 dice que Dios “no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie”, aunque le había prometido que se la daría en posesión a él y a su descendencia. Y Hebreos 11:13 señala que Abraham murió “sin haber recibido lo prometido”, pero habiéndolo creído.
Abraham no necesitó ver el resultado completo para seguir confiando. Su fe estaba puesta en Dios y en su promesa, no en aquello que podía ver o controlar.
La fe no cancela la planificación; la complementa. Podemos hacer planes, establecer metas y trabajar con diligencia, pero también debemos estar dispuestos a confiar en Dios cuando el camino toma un rumbo diferente al que habíamos previsto. Porque aunque nuestros planes cambien o algunos resultados no lleguen como esperábamos, el propósito de Dios permanece firme.
¿Hay algo que no está saliendo como lo planeaste? No significa que todo esté perdido. Tal vez estás justamente en el terreno donde tu fe puede crecer.
A veces, el terreno de la incertidumbre es precisamente el lugar donde Dios nos enseña a confiar más en Él. Cuando nuestros planes cambian, cuando no tenemos todas las respuestas y cuando no podemos ver con claridad lo que viene, podemos sentir que hemos perdido el control. Pero es ahí donde aprendemos que nuestra seguridad no depende de tener todo resuelto, sino de confiar en Aquel que sí conoce el camino.
Tal vez lo que hoy parece un desvío, una demora o incluso un fracaso sea el escenario que Dios está usando para hacer algo que todavía no puedes ver.
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